Dirección: Adrián Caetano Guión: Ricardo Foster – Carlos Polimeni Duración: 102 min El documental (está presentado así, aunque también se lo puede pensar como un ensayo fílmico) abre y cierra con una elocuente imagen tomada de una película de Werner Herzog: un pingüino solitario caminando por un desierto nevado. Sin un orden cronológico, sin entrevistas ni voces en off que guíen la narración, NK se construye en base a registros aportados por diversas fuentes. Durante casi dos horas, veremos idas y vueltas en la vida y obra de Néstor, con un amplio material de archivo que no se expone de manera cruda, sino que está acompañado por una trama sonora sumamente interesante, que incluye voces, música, efectos y silencios que le aportan clima a los personales encuadres que ofrece Caetano de ese mismo archivo. Con unas pocas presencias explícitas por parte de la enunciación (unas líneas de agradecimiento al principio, algunos intertítulos, y una pequeña reflexión final sobre la locura de los pingüinos), Caetano juega y experimenta con las imágenes y los sonidos, sugiriendo, ironizando, polemizando por momentos (recordando las relaciones con Carlos Menem y Eduardo Duhalde, por ejemplo), y lo hace siempre con humor.
Adrián Caetano
Guión:
Ricardo Foster – Carlos Polimeni
Duración:
102 min
El documental (está presentado así, aunque también se lo puede pensar como un ensayo fílmico) abre y cierra con una elocuente imagen tomada de una película de Werner Herzog: un pingüino solitario caminando por un desierto nevado. Sin un orden cronológico, sin entrevistas ni voces en off que guíen la narración, NK se construye en base a registros aportados por diversas fuentes. Durante casi dos horas, veremos idas y vueltas en la vida y obra de Néstor, con un amplio material de archivo que no se expone de manera cruda, sino que está acompañado por una trama sonora sumamente interesante, que incluye voces, música, efectos y silencios que le aportan clima a los personales encuadres que ofrece Caetano de ese mismo archivo. Con unas pocas presencias explícitas por parte de la enunciación (unas líneas de agradecimiento al principio, algunos intertítulos, y una pequeña reflexión final sobre la locura de los pingüinos), Caetano juega y experimenta con las imágenes y los sonidos, sugiriendo, ironizando, polemizando por momentos (recordando las relaciones con Carlos Menem y Eduardo Duhalde, por ejemplo), y lo hace siempre con humor.